Alterna el piano y el bandoneón con igual destreza, y ahora que lleva ya años instalado en Madrid, comparte con nosotros su perspectiva sobre el público y esa corriente que pone tanto énfasis en la imagen de los intérpretes.

Cuando se abrió la puerta, me recibió Didi con su sonrisa. Sus padres terminaban de prepararla para un paseo por El Retiro aquel día soleado de febrero. Didi tiene apenas ocho meses, y me habría encantado incluirla en la entrevista. Preguntarle, por ejemplo, cuántas horas de música escucha al día, siendo, como es, hija de dos pianistas. E imagino que las horas de estudio y ensayo se habrán intensificado últimamente en aquella casa, ahora que Louiza Hamadi y Claudio Constantini preparan la grabación de un disco juntos.

Louiza y Didi se despiden, y Claudio me invita a pasar al salón, donde nos acomodamos en una mesa amplia. Antes de hablar de música, empiezo recomendándole una taberna-restaurante de su nuevo barrio. La familia se ha mudado recientemente y no ha tenido tiempo ni oportunidades de explorar la zona.

Empezamos por su infancia musical en Perú.

– Me aficioné a la música popular latinoamericana con mi abuelo, quien ponía mucho la radio con lo que sonaba en aquel momento, los que se llamaban «boleros del recuerdo», Los Panchos entre otros. Pero lo más determinante fue el ambiente musical que tenía en casa. Mi madre es directora de orquesta y mi padre fue pianista.

– ¿Fue una pionera tu madre en Perú?

– Casi. Carmen Moral fue la primera directora de importancia de toda Latinoamérica, y una inspiración para mi madre. Siendo niño, me parecía lo más normal que una mujer fuera directora de orquesta, lo raro para mí era ver un director -ríe.

el público se crea desde muy mayor o desde muy temprano.

Claudio cree que el público de la música clásica es muy especial, y para que se cree es necesario familiarizar a los niños con las artes en general:

– Creo que el público se crea desde muy mayor o desde muy temprano, cuando se está más abierto a descubrir y buscar la belleza. De mayor, llegan los cambios vitales, y si se crece sin haber conocido el arte puede ser ya tarde. Las responsabilidades y nuestras ocupaciones de adulto nos lo ponen muy difícil, con el agua al cuello es difícil encontrar el tiempo y desarrollar interés.

Claudio ve clara la necesidad de que la música clásica se abra a todos los públicos, pero al mismo tiempo está de acuerdo con Arkadi Volodos cuando dice que el de la música clásica es un público selecto. Me pone de ejemplo la pintura:

– Pasa lo mismo que con los cuadros: se pueden disfrutar, pero si no tienes cierto conocimiento, puedes quedarte en la superficie. Prácticamente no encontrarás a nadie que diga que no le gusta la música pero, sin esa capacidad para ver más allá, te acomodarás en armonías más sencillas y melodías simples. La música clásica es maravillosa, pero también tiene mucha más información, y hay que saber interpretarla.

además de artistas, somos producto.

Esto les genera mucha confusión a los artistas, que pueden verse desorientados, sin saber qué hacer ni hasta dónde llegar en esa labora de divulgación:

– En tantos años de formación, no nos dan herramientas para enfrentarnos al mundo real. No nos explican algo crucial que todo músico debería comprender, y es que somos un producto además de artistas. El objetivo primordial es conseguir emocionar al público, competimos con otras opciones de ocio, y el público tiene que encontrar razones para elegirnos. En ese intento, hay gente que lleva demasiado lejos la transgresión, y son capaces de vestirse de rockero. No es que me parezca mal, no estoy esencialmente en contra, pero esto crea mucha confusión, porque, cuando solo uno de ellos tiene éxito, surgen imitaciones. Es difícil ese equilibrio.

– Pero a mí no me parece que tengas ningún conflicto en ese sentido.

– No, hago lo que quiero. Tomo muchas influencias, soy una esponja artísticamente y aprendo mucho de ese proceso. Lo más importante es no dejar de ser tú mismo. Cuando Daniel Trifonov firmó con Deutsche Grammophon, lo cambiaron de arriba abajo, la imagen quiero decir. Yo vi un cambio radical por un aspecto más ‘cool’. Yuja Wang es otro ejemplo de esto. Dicho sea de paso que tengo un gran respeto por ambos. Este tipo de evoluciones no le suma ni resta a un artista, pero puede desviar la atención de lo realmente importante.

los factores extramusicales deben estar presentes pero no ser dominantes.

Sin embargo, hay casos de artistas que se han construido una imagen auténtica, como Ara Malikian:

– Me fascina Ara, creo que vive lo que hace, pero no se puede hacer lo que él hace si no lo sientes. Yo no podría hacer lo que Ara, no porque me parezca mal, sino porque no nace en mí. Busco perfilar una personalidad artística, los factores extramusicales deben estar presentes pero no ser dominantes. Hay que tener en cuenta cómo vives para reflejarlo en el escenario, creo firmemente que el mayor valor de un artista es su honestidad.

– ¿Cómo crees que afecta a los artistas jóvenes ese énfasis en la imagen?

– Puede confundirlos, porque crea modelos falsos. Una vez le preguntaron a Rubinstein si se consideraba el segundo Chopin, y respondió que prefería ser el primer Rubinstein.

Le había pedido esta entrevista tres semanas antes, en un concierto que ofreció en la Iglesia de San Antonio de los Alemanes. En Claudio Constantini, veo perfectamente equilibradas sus facetas de bandoneonista y pianista, ambas forman ya parte de su perfil de artista. Esto me sirve para introducir algunas preguntas sobre el papel de los gestores.

– Con el bandoneón me encuentro con un prejuicio. Se asocia al tango, a lo popular, y eso resulta un obstáculo para muchos programadores. Por eso, me cuesta que me contraten con piano y bandoneón, me es mucho más fácil si ofrezco los dos instrumentos por separado.

Reímos recordando que fue en la propina de un concierto en Lo Otro donde tocó simultáneamente los dos instrumentos por primera vez, uno con cada mano. Miguel Bustamante, que yo tenía sentado al lado, se carcajeó cuando Claudio anunció lo que iba a hacer, porque fue él quien le había retado a ello en algún otro momento.

– Para bandoneón, me piden mucho a Piazzolla, porque es lo que está aceptado en el mundo clásico, pero tocar arreglos de Bach, Vivaldi o Grieg produce cierto rechazo. Hablo en general, por supuesto.

En todo lo que dice Claudio se transpira una cercana serenidad que le hace a uno sentir cómodo.

hay un patrón de programa y de público en España.

– Los programadores son a veces una barrera difícil de salvar. En mi caso, creo que ofrezco algo diferente combinando piano y bandoneón en un mismo programa, pero muchos prefieren optar por lo conocido. Si el programador sabe que Zimerman con Chopin le va a llenar el auditorio, entonces va a lo seguro. Hay un patrón de programa y de público en España, la cuarta de Brahms se lleva de calle el primer puesto entre las obras más programadas, por ejemplo, y no es fácil salir de eso.

Le sugiero por fin hacer una foto para el artículo, y vemos en la terraza el lugar ideal. Allí, todavía nos entretenemos con algunos comentarios sobre los públicos de otros países.

– No veo grandes diferencias entre los públicos de diferentes países donde he tocado y el público español, creo que depende más de los teatros que de los países. Los ciclos y los festivales también tienen su propio público. En algunos países, los aplausos son más reservados, como en Escandinavia, pero la gente se acerca espontáneamente a saludar. En Holanda es todo lo contrario, son tres veces más efusivos aplaudiendo. En Rusia son más sinceros, si les gusta de verdad, lo expresan, pero si no, no suelen acercarse. En fin, supongo que va con la idiosincrasia de cada cultura.

Poco antes de despedirnos, Claudio tiene el detalle de obsequiarme una copia de su último disco, «América», editado por IBS Classical, con obras de Gershwin y Piazzolla. Un gran disco en el que despliega su imaginación y sus enormes facultades al piano.

Ya por la noche, recibo en el móvil un mensaje sin palabras: la foto es una vista de las Bodegas Rosell. E imagino a Didi sonriendo de nuevo por ver a sus padres disfrutar de su primera salida por el barrio mientras saborean un buen vino.

Próximos Encuentros L3P:

Juan Lucas, Director de Scherzo, Jueves 28/03

Pepe Mompeán, Asesor de Música CAM, Martes 23/04

Hinves Pianos c/Fuenterrabía, 4 (Madrid)

Entrada libre previa reserva en cultura@hinves.es

Nacido en Lima (Perú) dentro de una familia de músicos, inició sus estudios de piano en el Conservatorio Nacional del Perú bajo la tutela de su padre (Gerardo Constantini). Más adelante recibió su titulo superior en Finlandia, su maestría en Holanda, y el diplome de concert en París, todos ellos con la mayor distinción del jurado. Fue alumno y eventualmente asistente del maestro Aquiles Delle Vigne, discípulo de los legendarios pianistas Claudio Arrau y Gyorgy Cziffra. Ha ofrecido recitales y conciertos en la Filarmónica de Berlín, la Konzerthaus de Viena o el Auditorio Nacional de Música de Madrid, así como actuaciones en el festival de Ravinia de Chicago, , el de Rheingau  en Alemania, o el Klassik an Dom de Austria), entre otros. Muy activo dentro de la música de cámara, colabora frecuentemente con grandes nombres como Leticia Moreno (violín), Ksenija Sidorova (acordeón) y Rafael Aguirre (guitarra), entre otros. Ha publicado cinco discos hasta la fecha, todos ellos con el sello español IBS Classical. El primero de estos, titulado "Reflets dans l´eau", fue seleccionado entre los diez mejores discos del 2015 por la revista Fanfare magazine (USA). Imparte clases magistrales habitualmente y es miembro del jurado de numerosos concursos internacionales de piano. Es organizador del festival y concurso "Primavera Pianistica" en Bélgica.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE CLAUDIO CONSTANTINI:

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