Es un espacio de encuentro de las letras y la música, un lugar amable donde se puede realizar un curso de escritura creativa, asistir a un club de lectura o a la presentación de un libro, así como disfrutar de un concierto, conversar y tomar una copa de vino en el ambiente joven y desenfadado de Lavapiés. Y desde hace cuatro meses, no tiene piano.

Fue el concierto más breve de mi vida. Entendí mal, llegué tan contento a las diez menos cinco pensando que aquello empezaba a las diez. Pero no, acabó a las diez. Dos músicos africanos, una kora, voz y percusión. Me cautiva el sonido de la kora, pero… ¿dónde está el piano?

– Se lo llevaron en octubre, desde entonces estamos buscando alguna manera de reemplazarlo -me dice Ernesto Bottini, responsable de la programación musical.

”Función Lenguaje” es un nombre ligado a la palabra, pero para los aficionados a la música y para muchos músicos, un lugar donde, durante siete años se han programado conciertos de muy diversos géneros de manera estable. Aquí tocó Federico Lechner su «Cartas a mi Padre». Aquí también estuvo Claudio Constantini con su quinteto. En aquel rincón, estuvo el piano que tocaron Isabel Dombriz y Pedro Mariné, otro concierto que Ernesto recuerda con cariño. Y la lista se completa con Lucía Rey, Guy Mintus, Josep-Maria Balanyà, Iván Sangüesa, José Manuel Villacañas, Alejandro Rojas-Marcos, Jorge Robaina y muchos más.

sin piano, la sala está huérfana.

– Mantenemos una programación atractiva, creo. Los viernes y los sábados de casi todas las semanas, traemos jazz, clásica, música popular, étnica… Pero sin piano, la sala está huérfana.

Ha habido llenos históricos, como cuando James Rohdes dio uno de sus recitales-conferencia, el año pasado.

– Fue una de las pocas veces que se quedó gente sin poder entrar. No teníamos piano ya por entonces, pero él hizo traer uno para la ocasión. Lástima que no se lo dejara olvidado… -ríe.

Ernesto Bottini

Ernesto es argentino, pero se nota que lleva tiempo en Madrid, habla con un suave acento porteño. Tiene formación en Letras, es editor y traductor, dirige muchas de las actividades que se desarrollan en Función Lenguaje. Y toca la trompeta:

– Admiro a Miles Davis y a Chet Baker, y a otros muchos que no he tenido la suerte de escuchar en vivo. Pero estoy contento de haber escuchado a Fats Fernández, en Buenos Aires, y a Jerry González, en Madrid. Dos leyendas. Jerry González murió hace unos meses aquí en Lavapiés, en un incendio. Una inmensa pérdida para la música y para la ciudad.

Esos cinco minutos de concierto africano me dieron para poco, pero sí pude comprobar la buena acústica del local. Es un espacio amplio, con techos elevados, y un pequeño bar, donde charlamos tomando un vino tinto que Ernesto ha sido tan amable de servirme.

– ¿Qué pasó con el piano?

– No era nuestro, teníamos un acuerdo con la dueña: ella lo dejaba aquí, y nosotros le dejábamos estudiar por las mañanas. Los vecinos se quejaron. Por los conciertos no tenían problema, pero no toleraban el piano de día. Finalmente no hubo otra solución que llevárselo, la pianista necesitaba ensayar, como es lógico.

tenemos el correo lleno de propuestas de jóvenes pianistas.

Me gusta el espacio, mitad biblioteca, mitad lugar de encuentro. Con una decoración sencilla pero agradable, como de uno de esos centros de co-working tan de moda. Pero es cierto, falta un piano para completarlo.

– Si alguien nos cediese un piano, podríamos hacer más cosas, tenemos el correo lleno de propuestas de jóvenes pianistas con gran talento que buscan sitios donde poder tocar. En algún lugar tiene que haber un piano ocioso, nosotros lo cuidaríamos y le daríamos el mejor uso posible. Los pianos, como todos los instrumentos, están para hacer música.

Llevamos más de una hora charlando animadamente de música y músicos. Apuro el segundo vaso de vino, y Ernesto todavía me ofrece un tercero. Pero no, ya es hora de retirarme, aunque sea viernes por la noche. Antes de despedirme, Ernesto me regala cuatro ejemplares de su revista literaria: poesía suiza, ciencia ficción, un artículo de Britten titulado ”las obligaciones del compositor”… Me llevo excelentes recuerdos de mi primer concierto en Función Lenguaje.

Ernesto Bottini (Buenos Aires, 1977) cursó estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires y Filología Italiana en la Universidad Complutense. Vive en España desde el año 2000. Compiló las antologías Prosas presas (Dilema, 2003) y Código de barras (Dilema, 2005). Ha hecho trabajos de prensa y valoración de manuscritos para las editoriales Siruela y Random House Mondadori, y publicado críticas literarias en las revistas El Crítico, La mala palabra, Vacaciones en Polonia y Guaraguao. Fue profesor de Relato Breve en el Máster en Creación Literaria Multidisciplinar de la Escuela De Letras De Madrid. Es miembro fundador de la escuela de creación Función Lenguaje. Dirige desde 2003 la Colección de Ensayo de la editorial Dilema, la Revista FL, y traduce artículos, obras de ficción y ensayos. Es autor de los libros Bajo el mismo mar (Dilema, 2016) y Baptiste Laurent y el otro (Alliance Française de Madrid/Dilema, 2018).

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