Forman dúo, han llevado sus programas Sonados Amores y París Express a multitud de salas en los últimos años, pero cada uno tiene una carrera por separado. Pedro Mariné, como compositor, profesor de música de cámara, pianista y editor; Isabel Dombriz, como pianista de Conservatorio y solista. Este verano Isabel tiene tres citas para presentar su ”Dante” (IBS Classical) con el que conduce al oyente de las tinieblas a la luz. Y es que la música tiene ese poder…

Fue una conversación animada de principio a fin. Mientras esperábamos los primeros platos, Pedro Mariné nos habló de un hecho que resume bien el lugar en el que históricamente nos hemos colocado los españoles:

– Boccherini inventó el cuarteto de cuerdas en Madrid al mismo tiempo que Haydn en Viena; ocurrió simultáneamente, sin ninguna conexión entre ellos, ninguna carta, nada. Y sin embargo se le da a Haydn todo el reconocimiento por esta innovación tan importante en la historia de la música.

Isabel Dombriz y Pedro Mariné acaban de tomarse un descanso en un spa rural de Guadalajara en el que se han desconectado del mundo durante algo más de un día. Han venido al restaurante japonés de Rivas donde nos hemos citado sin pasar por su casa, y todavía transmiten el bienestar que les ha dejado el masaje de esta mañana. Nos acompaña Álvaro, de 11 años. Él también demuestra una gran serenidad durante toda la comida, aunque en su caso no parece ser producto de ningún masaje: tiene un carácter dulce.

hace falta que más intérpretes españoles toquen fuera.

– Hace falta dar valor a lo español, en otros países lo han hecho siempre. Hemos tenido algún éxito exportando nuestro genio a través de Alicia de Larrocha, Rafael Orozco, Joaquín Achúcarro, Josep Colom, Rosa Sabater, Plácido Domingo o Montserrat Caballé cuando, siendo extraordinarios, parecían ser flores en el desierto. Pero ahora tenemos ese mismo genio manifestado en innumerables cantantes, intérpretes, compositores y directores… Tenemos a muchos genios, y debería ser una labor cultural y económica de Estado aprovecharlo, es una oportunidad que no se nos había presentado antes.

Pienso en Dante (IBS Classical), el programa que disfruté este año en la Fundación El Instante y que Isabel va a llevar a tres festivales este verano, y en lo difícil que sería hacer ese mismo programa, con obras de Liszt entre otros autores, en Alemania, por ejemplo, mientras aquí escuchamos a Falla, Albéniz o Granados en manos de Lang Lang con total naturalidad.

– Es bueno que haya intercambio y que vengan intérpretes extranjeros, pero falta que más españoles toquen fuera -me dicen casi a la par.

necesito vincularme visceralmente con las obras.

Pregunto a Isabel sobre su forma de hilar los programas:

– Me gusta elegir lo que toco con total libertad, no me siento cómoda acotando el repertorio por cuestiones de época, origen o el sexo del compositor. Prefiero seleccionar aquello que me transmite la sensación apropiada, pertenezca al estilo que pertenezca, como en Dante, donde combino obras del siglo XIX y principios del XX que tienen ya un largo recorrido, con obras contemporáneas que obviamente han tenido menos tiempo para asentarse, como las de Miguel Bustamante y Pedro Mariné.

Vamos con la tempura.

– Todas ellas, viniendo de distintos siglos, tienen una intención comunicativa muy clara. Eso es lo que me interesaba. Sé que de esta forma me pongo trabas a mí misma, quizá pierda oportunidades para que me contraten en algunos festivales más específicos, pero creo mucho en la apertura, en el mensaje propio de cada obra, al margen de todas las etiquetas que se le puedan poner.

– Isabel es más relacionadora que focalizadora -apostilla Pedro.

– El trabajo de músico es muy difícil. Hasta ahora tengo la suerte de haber interpretado lo que me ha apetecido. A veces, responder a encargo es un oficio duro. Mi objetivo es ponerte los pelos de punta, que lo consiga o no es otra cuestión, pero mi actitud es esa, y para eso la vinculación con la obra tiene que ser absoluta. Es cierto que muchas veces hay que adaptarse a una demanda con un interés concreto porque estamos en tiempos de marketing, pero cuando no hay una vinculación visceral con la obra, el resultado pierde magia.

Pedro Mariné: la música en vivo tiene algo de artesanía.

Empezamos con un sashimi de salmón flambeado exquisito, aunque antes habíamos dado cuenta de un edamame que nos hemos comido como si fueran pipas.

Quiero orientar la conversación hacia mis tres preguntas, y voy con la del millón de dólares; Isabel lo tiene claro:

– La gente va a un concierto por el aspecto social, buscando reunirse con otras personas. No es solo la experiencia individual, es el compartir esa experiencia lo que se disfruta. Es muy gratificante intercambiar pareceres al salir de un concierto, o simplemente poder mirar a quien tienes al lado cuando algún pasaje te ha dejado boquiabierto.

Pedro va más lejos:

– La música es tan potente que, a pesar de todas las dificultades, todavía sigue provocando fascinación el fenómeno de alguien que toca para ti en un momento y un lugar. Es algo comparable a ver a un alfarero hacer una pieza de barro, la música en vivo tiene algo de artesanía, y eso fascina.

Pedro hace una reflexión sobre el dominio de las pantallas, y cómo ese dominio no ha servido precisamente para promover la Cultura, sino la ”actualidad”. Consumimos constantemente actualidad, buscamos actualidad, y la música clásica es pasado; un pasado muy vasto y rico, pero pasado.

es en los silencios cuando la vibración del público se percibe más claramente.

– ¿Qué parte de esa emoción le llega al intérprete?

– Los pianistas –dice Isabel– tenemos en esto una desventaja frente a un violinista, un cantante o un actor, que están de cara al público y se pueden mover. Ellos tienen cierta complicidad directa con el público, están de frente. Los pianistas estamos clavados de perfil simplemente para que se nos vean las manos o para dirigir el sonido con la tapa del piano. Si yo te hablo sin mirarte a los ojos seguramente acabarás sintiéndote incómodo.

Puedo confirmar que Isabel mira a los ojos, y también que se dirige al público en sus conciertos con la misma actitud cómplice.

– ¿Por qué tenemos que tocar sin ese contacto visual? Se podría decir que es porque tocamos para nosotros mismos, y que le llegue al público o no es otra cuestión. También contamos con el lenguaje corporal, pero no es igual. Los que hemos tenido la suerte de tener a grandes maestros cerca, cuando en clase te tocaban cierto pasaje mirándote, o mirando al infinito pero con una actitud visual dirigida hacia ti para que captaras la intención… esa sensación que se recibe, no llega igual en un escenario estando de perfil. Por eso me gustan tanto las salas íntimas, donde el público está cerca y te escucha respirar, hay más comunicación.

Continúa mientras pone en el plato de Álvaro uno de los yakitoris de pollo que acaban de servirnos.

– Hay un vídeo de Friedrich Gulda en el que mira a una señora de la primera fila mientras toca un Nocturno de Chopin; esto, al verlo en la pantalla, ya pone los pelos de punta. Realmente es algo al margen de la música, pero cuando el músico te mira mientras toca, te sientes especial. ¿Que no es tan correcto porque se trata de un elemento extramusical? Ya, pero emociona. A su vez, el intérprete también recibe la vibración del público, sobre todo en el sonido de los silencios. Cuando un silencio te corta la respiración, tienes al público en tus manos.

hay recursos que están a nuestro alcance y que no estamos aprovechando.

– A lo mejor habría que aprovechar más los escenarios con todo su espacio. Esto lo hemos experimentado con el Dúo Madom en los espectáculos infantiles. Es muy enriquecedor romper las barreras entre escenario y sala, esto implica más al oyente. Si yo fuese cantante, cantaría paseando entre el público.

Para Isabel también se debería aprovechar mejor la iluminación:

– Nos faltan muchas cosas que podemos permitirnos con mucha facilidad –concluye.

todos los conciertos son una oportunidad para la divulgación.

Isabel está ilusionada ante la perspectiva de participar en los festivales de Panticosa (24 de julio), Medinaceli (27 de julio) y Creixell Classic, provincia de Tarragona (3 de agosto), y le pregunto por ello.

– Espero público de todo tipo, profesional, melómanos… En Panticosa, me motiva mucho el hecho de que haya alumnado recibiendo sus clases al mismo tiempo. Yo he pasado muchos veranos de mi vida asistiendo a cursos de verano y sé lo importante que es para su futuro toda la información que reciben durante esos días. En Medinaceli parece ser que es todo un acontecimiento para la provincia; es un entorno fantástico, llevan ya varios años organizándolo y tienen ya un público fiel. Creixell Classic me motiva especialmente ya que será la primera presentación del disco en mi tierra natal, Cataluña. Todos los conciertos son una oportunidad para la divulgación, pero los festivales de verano se hacen pensando en un público más abierto.

Isabel también se muestra encantada con el proyecto que llevará a cabo junto a Fernando Palacios en el Teatro Real en febrero y marzo próximos, Piano de otros mundos.

– Dices que los conciertos son una oportunidad para la divulgación. ¿Pueden tener también una función educativa?

– ¡Claro! Yo explico las obras, me dirijo al público constantemente. La comunicación en un concierto es importantísima, una oportunidad de dar la base que suele faltar porque no se ha dado ni en casa ni en el colegio. Fernando Palacios lleva muchísimos años en este terreno, admiro muchísimo la labor que hace. Cualquier arte nos puede parecer apasionante si se explica con entusiasmo.

Siguiendo con la educación, Pedro es vehemente a la hora de defender la importancia de los coros en los colegios para construir un entramado musical, y lo es más aún al preguntarse cómo es posible que no se haga mejor música en las iglesias.

– La música, en su origen, ha sido religiosa, y sin embargo se hace poca música en las parroquias y muy mal, ¿cómo es posible?

Y añade:

– Si das música, buena música, no solo das cultura: de ese proceso extraes personas educadas y una sociedad mejor.

Para Isabel se trata de conocer el lenguaje de la música:

– ¿Qué hacemos para que dentro de 20 años haya gente en los auditorios pagando por escuchar una sinfonía? Si es una pieza pequeña, ‘Para Elisa’ o ‘Claro de Luna’, como ha hecho Lang Lang, es más fácil, es un caramelo. Pero una sinfonía es otra cosa; el público que nos llega hoy día no tiene predispuesta la mente para estar 40 minutos concentrados en algo, ¿qué hacemos? Sin embargo, una película sí se ve de corrido, pero claro, tiene lenguaje hablado. ¿Por qué no les enseñamos el lenguaje musical para que les parezca como una película? Eso se tiene que aprender, no viene dado.

Ya en los postres, charlamos de diferentes experiencias de concierto en las que se combinan música y palabra. Pedro nos habla del espectáculo que hizo en 2005 junto a Nati Mistral en torno a Cervantes, y que se llamó La Gracia que no quiso darme el Cielo, para el que compuso diferentes canciones con textos de Luis García Montero y Joaquín Vida. Hablamos también de su editorial La Discreta, producto seguramente de su vocación como filólogo y poeta, con la que promueve la creación literaria de autores tan grandes como desconocidos, y que también ha dado lugar a diferentes espectáculos poético-musicales.

Precisamente la temporada que viene, el Dúo Madom presentará un nuevo programa en el que se hilará música de Beethoven con poemas, como uno de Blas de Otero por el que Pedro siente especial debilidad:

Vuelve la cara, Ludwig van Beethoven,
dime qué ven, qué viento entra en tus ojos,
Ludwig; qué sombras van o vienen, van
Beethoven; qué viento vano, incógnito,
barre la nada… Dime
qué escuchas, qué chascado mar
roe la ruina de tu oído sordo;
vuelve, vuelve la cara, Ludwig, gira
la máscara de polvo,
dime qué luces
ungen tu sueño de cenizas húmedas;
vuelve la cara, capitán del fondo
de la muerte: ¡tú, Ludwig van Beethoven,
león de noche, capitel sonoro!


Considerada por la crítica como una pianista elegante, sugerente y con una variadísima gama de timbres y colores, ISABEL DOMBRIZ destaca por su capacidad para abordar obras de gran dificultad con una técnica impecable, imprimiendo siempre un carácter propio.

Su calidad artística ha sido reconocida con numerosos galardones y reconocimientos en Concursos de piano como Marisa Montiel, Gregorio Baudot, Infanta Cristina o Ciudad de Albacete.

Además de sus conciertos en España, Isabel Dombriz ha desarrollado una carrera internacional ofreciendo conciertos en escenarios de países como Portugal, Francia, Italia, Holanda o Austria.

Entre sus más recientes proyectos figura la publicación del cd titulado DANTE (Ibs classical), galardonado con el Melómano de Oro, con obras para piano de F. Liszt, C. Debussy, M. Ravel, M. Bustamante y P. Mariné. Se presenta, entre otros, en el Festival de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid, en la Sala Manuel de Falla de Granada, en el Festival Internacional de Música “Villa de Medinaceli” y en el Festival Internacional de Panticosa.

Formada en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con Mar G. Barrenechea y Almudena Cano y en el Conservatorio de Rotterdam (Holanda), con el maestro Aquiles Delle Vigne, obteniendo las máximas calificaciones, Isabel ha ampliado su formación de la mano de pianistas como Joaquín Achúcarro, Manuel Carra, Galina Egiazarova, Serghei Yerokin, Germaine Mounier, Naum Grubert, Sergei Dorensky…

Isabel Dombriz compagina su carrera concertística con colaboraciones con cantantes, distintas formaciones de música de cámara y orquestas, así como con la Pedagogía.

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Próximo Encuentro L3p con JESÚS RUIZ MANTILLA, martes 24 de septiembre a las 19:30 en Hinves Pianos #Pianolab

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