Renacentista del siglo XXI y trabajador incansable, con sus manos ha moldeado proyectos tan importantes como el festival ECOS o el cuarteto vocal Cantoría, con el cual mantiene una intensa agenda de conciertos desde que en 2017 fuera seleccionado como Ensemble Emergente Europeo por el programa EEEmerging.

Vino arrastrando una maleta. Pocas horas después cogería un avión a Basilea para presentar, junto a Emilio Ros-Fábregas, su hallazgo de un manuscrito del siglo XVIII en una iglesia de Totana. Yo le había esperado a la sombra bajo una cornisa de Matadero, era una tarde soleada de finales de junio. ’La Cantina’, en el mismo centro cultural, fue nuestro lugar de encuentro.

Ya sentados en una de las mesas del patio, yo con mi agua con gas y él con su café, le sorprendo con la primera pregunta:

– ¿Por qué estudiaste Filosofía?
– ¡¿Cómo sabes tú eso?!
– Internet es un chivato…
– Me interesa desde pequeño, hice el primer curso antes de irme a Alemania a estudiar Dirección. De esa etapa disfruté el encuentro con gente crítica, pero ya entonces sabía que lo que de verdad quería era estudiar música, solo me faltaba saber cómo.

Un músico con alma de filósofo y titulación de Magisterio. Un trinomio interesante.

– Lo que hacemos tiene un gran componente divulgativo: hablamos con el público entre canción y canción, pero también nos comunicamos con ellos mientras cantamos y, además, dialogamos e interactuamos entre nosotros como parte de la interpretación musical. En los inicios de Cantoría, elegimos un repertorio entendido por muchos como un género menor por ser música popular y profana, generalmente con canciones breves vistas como fáciles. Poco a poco, sin embargo, nos alegra ver que el público se sorprende al escuchar en nuestras interpretaciones muchos colores y matices, así como al descubrir todas esas emociones y afectos tan diferentes que puede contener este repertorio del Renacimiento ibérico.

Nos conocimos en la presentación de la programación de Música en Segura, en febrero. Allí, escuchándoles canciones de Flecha y otros compositores del Renacimiento español, pude comprobar la extraña frescura con la que Cantoría interpreta tonadillas de hace cinco siglos. En su puesta en escena vi un difícil equilibrio entre el rigor y la viveza: nada de lo que les he visto hacer en aquel y en otros conciertos le resta autenticidad a la música. No cabe duda de que son músicos en primer lugar.

si interpretásemos a Victoria no usaríamos la teatralidad.

– Cuando actúo con Cantoría soy cantante, pero en la orquesta universitaria también soy director y el formato es muy diferente. Creo que son tan válidos los programas en los que se usa la gestualidad y la teatralidad como en las propuestas de concierto en las que no, aunque considero que siempre existe un componente importantísimo de comunicación visual con el público. Una sinfonía de Mendelssohn es música y es arte, tiene valor en sí misma sin necesidad de gestos, pero nosotros elegimos expresarnos de todas las maneras posibles. En los conciertos cantamos ensaladas y ponemos en práctica la teatralidad, pero si interpretásemos a Victoria, igual no lo haríamos, o no de la misma manera. No siempre hay cabida para estos recursos, me parece interesante que haya ofertas para todos y que el público pueda acercarse a los conciertos por la propuesta performativa o solamente por la parte musical.

Por la música y por la palabra, que en las canciones van de la mano. Jorge me explica la dificultad que les presentan algunas canciones del siglo XVI, con contenidos machistas o racistas, y que son difíciles de traer a nuestro tiempo.

– Dicho esto, el objetivo final no es la música ni los textos; lo importante para mí es lo que la música nos hace sentir. Tenemos que buscar maneras de que la gente la entienda mejor, se sienta más identificada y se emocione con ella. Esto es nuestra responsabilidad como intérpretes y programadores.

Además de intérprete y director, Jorge es director de ECOS, un festival de música antigua que se celebra en diferentes pueblos de Sierra Espuña, y que en 2019 celebró su cuarto año. En esta última edición recibió a Raquel Andueza entre otros nombres destacados.

hay una parte visual en la música.

– Creo que el teatro es una de tus aficiones…
– Muchos músicos rechazan el teatro, pero yo no creo que se trate de añadir teatro a la música, sino de entender que hay una parte visual en la música, sobre todo en la música en vivo. Los solistas que emocionan son los que reaccionan a la música mientras la interpretan. Nosotros cantamos de pie cara al público, de memoria y sin atril. Expuestos. Pero esté de pie o sentado, lo fundamental es la actitud del intérprete, cómo se proyecta hacia la gente. Un elemento esencial para nosotros es la mirada, trabajamos mucho con la mirada.

– Y, ¿cómo crees que ha influido tu afición al teatro?
– Me gusta el proceso de desarrollo de los montajes teatrales, es un trabajo conjunto de todos los actores y del director. Así es como trabajamos en los ensayos, y también nos preparamos para la improvisación. Es interesante tener flexibilidad para reaccionar a los imprevistos; los actores se entrenan para reaccionar orgánicamente a la caída de un foco, por ejemplo, y nosotros intentamos usar esa capacidad en favor de la música para aprovechar las energías de la escena. De pronto uno de nosotros canta más alto o con una emoción diferente en un concierto, y los demás tenemos que conseguir que no sea un error, sino un giro al que damos sentido entre todos. Esto lo hemos aprendido del teatro.

Jorge acaba de terminar su café. Estamos a gusto en el ambiente informal de la Cantina, que a esa hora todavía no está abarrotada.

del trabajo con coros jóvenes aprendí a gestionar la energía del concierto.

– Nuestra interpretación cambia según cómo percibamos al público. Antes de decidirme por la música antigua, trabajaba mucho con coros jóvenes. De aquel tiempo aprendí a gestionar la energía del concierto, cosa que echo un poco en falta en la música antigua. Por un lado tenemos la música clásica y el formato tradicional, donde el feedback llega solo al final con los aplausos; por otro, la música pop, el rock o la étnica, donde el público se lo está dando a lo largo de todo el concierto. Esta inquietud nos ha movido a intentar gestionar la ola emocional, a estar atentos a las reacciones del público: si ríen, si se muestran interesados o aburridos. Y es algo de dos direcciones. Las diferencias se ven más claras cuando cantas fuera de España, es interesante ver cómo cambiamos en diferentes países.

– Creo que gustáis a melómanos y no tan melómanos precisamente por esa naturalidad y por esa conexión que establecéis.
– Yo me siento con mucha responsabilidad, porque todo ha ido tan rápido que a veces cantamos delante de públicos… y yo digo, «¿realmente estamos preparados para afrontar este reto?».

Jorge se refiere a su concierto de mayo en la Iglesia de San Jaime de York. Se sintieron algo intimidados al cantar en Inglaterra, la cuna de la música vocal. Y es que no es su puesta en escena lo más arriesgado:

– Allí no están acostumbrados a una vocalidad o forma de cantar con tantos colores, al menos en el mundo clásico. Todos pensamos en la polifonía inglesa o en el bel canto con una línea de aire continua y un sonido homogéneo. De hecho, la aproximación de la mayoría de los grandes ensembles ingleses que cantan polifonía es la de igualar todas las vocales y procurar que no haya sobresaltos en el sonido, nada fuera de lugar. Eso da mayor certeza al intérprete de que las cosas sonarán siempre iguales, mucha seguridad en la afinación, del tempo… Nosotros hemos elegido otro camino, menos directo para alcanzar esa estabilidad (porque, claro está, también perseguimos la excelencia musical), pero, desde nuestro punto de vista, más interesante por la variedad de posibilidades que ofrece.
Me acuerdo de un vídeo que tienen grabado en una abadía de Francia, y que es un perfecto ejemplo de todo esto.

– Por otro lado, nuestra forma de cantar es muy hablada y poco cantada. Creemos mucho en lo que decía Monteverdi: «primero la palabra, después la música». Esta idea la aplicamos al ritmo, a la duración de las sílabas, que va algo más allá del rigor de la partitura. De esta manera, nos damos flexibilidad a nosotros mismos, y esto contribuye a que guste, pero también tiene riesgos: hay que trabajar el triple para que la afinación aguante, para que el tempo no falle.

– ¿Y cuál fue la reacción del público en York?
– Gustó mucho -sonríe abiertamente.

podemos aprender a escucharnos a través del arte

Este mes de diciembre actuarán en el BOZAR de Bruselas (Bélgica), el festival de música antigua de Opatija (Croacia) y el Festival di Natale de Pavía (Italia), donde además presentarán su proyecto de divulgación del patrimonio hispánico con estudiantes de los conservatorios de Pavía y Milán y el Coro Universitario Ghislieri de Pavía. A pesar del éxito de Cantoría, con una agenda poblada de conciertos dentro y fuera de España, Jorge es prudente:

– Todavía nos queda un poco para madurar como grupo, y por eso el CD lo estamos retrasando. Muchos nos animan a grabar ya, pero yo siento que para ser fieles a lo que queremos todavía debemos esperar, hasta encontrar ese momento en que el resultado pueda ser realmente especial.

– Y en todo este proceso, hay que conseguir vivir de ello…
– Sí… -ríe. Y no es fácil, hay que ser renacentista, hacértelo todo.

Jorge Losana es intérprete, director, gestor… Un poco pedagogo y actor también.

– Como todo filósofo, seguro que te haces preguntas continuamente. Una de las preguntas troncales de la Filosofía es «¿qué es el arte?». ¿Le has dado una respuesta?
– Puff… Empecé a estudiar Filosofía en la Facultad para averiguar qué es en realidad la música, pero… no tuve ningún éxito –carcajadas-. Vi que mi camino estaba en hacer música más que en cuestionármela.

– Pero seguro que tienes una idea formada sobre para qué sirve la música.
– Sirve para convivir y empatizar. Podemos aprender a escucharnos y a entendernos a través del arte, falta mucha escucha en este momento en el mundo.

Creo que Jorge es un idealista, supongo que todos los artistas lo son. Es bueno y necesario que existan idealistas y artistas como él en un mundo en el que abundan los pragmáticos. Decía el pintor Gerhard Richter que el arte es la forma más elevada de esperanza. Quizá sea cierto eso de que la música, el arte, pueden cambiar el mundo.

«¡Y usted también, señor!», dice mi conciencia.


   JORGE LOSANA estudió el Grado Superior de Dirección de Coro por el Conservatorio de Música de Murcia, la diplomatura en Educación Musical por la Universidad de Murcia y el Grado Superior en Canto Clásico y Contemporáneo en la Escuela Superior de Música de Cataluña, en Barcelona, donde también se ha especializado en Canto Histórico estudiando el Máster de  Interpretación de Música Antigua. Actualmente, está realizando el Máster en Estudios Avanzados de Ensemble Vocal en la Schola Cantorum Basiliensis, en Basilea (Suiza).

   Ha dirigido coros como la Schola Cantorum Alfonso X “El Sabio”, la Escolanía de la Catedral de Murcia, la Coral Universitaria de Murcia o el Grupo vocal Cororao, entre otros. Estudió dirección como alumno oyente en la Staatliche Höchschüle für Musik und Dartstellende Kunst in Mannheim (Alemania) y ha realizado producciones de grabaciones internacionales para sellos como Carus Verlag, Rondeau Production o Deutsche Gramophon.

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