Opinión

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OPINIÓN DESTACADA:

NACHO RODRÍGUEZ, director de Los Afectos Diversos

 

Su artículo es una completísima aproximación a la diversidad de públicos musicales. Defiende la necesidad de reconocer la existencia de diferentes tipos de público para ofrecer a cada uno lo que demanda. 

Muchas gracias, Nacho, por tomarte el tiempo de escribirlo!

«Creo más en saber cómo programar que en la vulgarización» 
 

Sobre Nacho Rodríguez

Tras una primera formación con el piano, pronto se decanta por los que serán sus principales intereses: la música vocal y la música antigua. Se titula en Canto, Clave, Órgano y Teoría de la Música, y realiza una intensa formación no reglada en el mundo de la dirección vocal e instrumental y la musicología. Además de con su grupo Los Afectos Diversos, participa frecuentemente como director invitado y cantante o continuista con formaciones especializadas en renacimiento y barroco, corales y orquestales, sin descuidar también la música contemporánea y la ópera, otras de sus pasiones. Ha realizado conciertos por numerosos auditorios y festivales de Europa y Centroamérica, donde a su vez es reclamado para la impartición de talleres y masterclass en Dirección, Interpretación y Canto Histórico, así como de jurado en concursos de estas materias. Tras obtener las oposiciones de Coro en León y Lenguaje Musical en Madrid, fue profesor de Coro y Concertación en la Escuela Superior de Canto de Madrid. Actualmente es Catedrático de Concertación. Su inquietud y amplia formación le ha llevado a afrontar repertorios que van desde Machaut o Josquin, pasando por Bach o Haydn, hasta José Manuel López López o César Camarero. Su principal pasión es la época de transición entre los siglos XVI y XVII, así como el rico y aún no suficientemente aprovechado repertorio ibérico de ambos siglos.

13 Comentarios

  1. Marisa Bueno Domingurz

    Buenas tardes . Yo estoy convencida totalmente que en España existe bastante afición a la música clásica, lo percibo a los conciertos y los bellos comentarios que hacemos. Por supuesto que se pueden crear aficionados, empezando porque escuchen obras que sean fáciles de llegar al espíritu y así poco a poco va entrando el gusto. Creo que la música debería tener más protagonismo en los colegios y universidades, aunque algo se va haciendo con recitales, conferencias. Creo que los que programan actos musicales, deben saber por encima de todo, que es aquello que llega más al público. Gracias

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    • Juan Miguel Morales

      gracias Marisa por tu opinión!

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  2. Nacho Rodríguez

    Como no sé si lo querías en FB o aquí en el blog (imagino que preferirás aquí), te lo dejo en ambos lados.

    * Sí que hay un público, y se ve en algunos festivales, que están llenos hasta la bandera, y en ciclos programados con inteligencia y que de golpe nos sorprenden en lugares impensables, o logran dar la vuelta a audiencias que parecían dormidas. Pero no nos engañemos: en proporción al número de habitantes, no hay tanto como en otras latitudes, aunque en eso influyen muchas cosas: tradición, por supuesto, pero también estilo de vida y horarios de trabajo (si ya dificultan la conciliación familiar, no te cuento la vida cultural), la educación (lo de la música en las escuelas e institutos aún da para mucho que pensar en demasiados casos), la imagen de elitismo que se ha vendido en muchos sitios, pero aquí especialmente… Hablaría más de que haya público, de que hay un público potencial mayor del que pensamos, pero hay que trabajárselo.

    ** Enlaza con lo anterior: más que crear un público de la nada, hay que trabajarse al público potencial que decíamos. El cómo es más complejo… o posiblemente es que no hay una respuesta única, sino diferentes según a que futuros públicos estamos dirigiéndonos.
    Hay un público que quiere su sota, caballo y rey, que ya les suena, sin mayores complicaciones (el que se mete en Praga a ver las cuatro estaciones de Vivaldi de tercera fila que publicitan en la mitad de las iglesias de la ciudad, para turistas, y que se vuelve a casa pensando en la maravilla de concierto que oyeron en Praga, cuando podrían oír cosas mucho mejores en el auditorio que les quede más cerca de su casa). Y que tienen derecho a ello, por supuesto, y podría ser soporte para muchos intérpretes «de base».
    Como hay un público (menor) muy exigente, y que quiere escuchar, quizá no cosas que le sorprendan demasiado, pero sí que estén hechas con una enorme calidad, y a los que por supuesto hay que dar lo que quieren (haciendo entender que la calidad, como en todo, cuesta, claro).
    Lo hay interesado en salirse de lo de siempre, que busca novedades y sorpresas (los fieles del Reina Sofía, por ejemplo, con sus ciclos de contemporánea, o los que se aproximan a infinidad de recuperaciones de autores hasta ahora para ellos desconocidos). Generalmente, estos también están más o menos indentificados, y reciben, al menos en lugares específicos, lo que piden.
    El mayor problema es cuando nos vamos fuera de esos estereotipos, que es donde está probablemente la cantera a picar, y donde hace falta una mayor imaginación, un mejor estudio del entorno, o una trabajo a más largo plazo.
    Públicos que buscan una experiencia más allá de la música (como esos festivales en sitios especiales o con encanto, o accesibles poco más que para ver un concierto, o que van acompañados de paseos, cenas, copas, visitas guiadas a cuestiones artísticas, a charlas informativas… hay muchas posibilidades, y mucha gente que está tomando caminos por aquí). Peligro: pensar que todo el mundo necesita estos extras; hay quien prefiere sin más disfrutar del momento del concierto, y no nos podemos olvidar de ellos, y hay repertorios que casi exigen formatos clásicos; pero estos valores añadidos pueden ser un buen punto de partida para abrir nuevos espacios. Y tienen bastante tradición en el mundo anglosajón, por ejemplo.
    Público joven: hay quien defiende que, como con otros muchos gustos aprendidos, la música más «refinada» suele tender a necesitar un público de más edad. Como ocurre con las delicatessen gastronómicas u otras tantas cosas: apreciar un buen vino, una cocina de altísimo nivel, o un whisky muy selecto requiere de una experiencia (y un nivel adquisitivo, no nos engañemos). Y posiblemente no falte razón en este argumento, con excepciones, por supuesto, y sin que descuidemos a los jóvenes, o esperemos que esa transformación ocurra sola, sin mimarla y dar las oportunidades. Recuerdo cuando era adolescente a un compañero de clase, «heavy» convencido él, al que le dejé una cassette (sí, voy teniendo una edad) con la Consagración de la primavera, y alucinó… Con otros no hubiera funcionado, seguro, pero quizá otra pieza hubiera podido ser, afinando en cuestión de su sustrato. Hay que saber qué puede atraer a cada quién, y pensar con calma qué ofrecemos a cada cual.
    Por ejemplo, que tengamos en cuenta que hay unas edades en que mucha gente tiene niños, y, de la misma manera que ven poco más que películas para niños, porque no pueden planear su vida de otra manera (de nuevo las dificultades de conciliación), tendrán que tener opciones que estén pensadas para ellos, porque si los perdemos, es más difícil recuperarlos; los museos, por ejemplo, se van dando cuenta de ello, y en el MAN vemos los domingos cantidad de familias, porque han sabido plantearlo adecuadamente. Una vez más, en Inglaterra llevo viendo esto en museos, conciertos, y hasta en iglesias (sí, con servicio de guardería o ludoteca para que los padres puedan acudir a su servicio litúrgico) desde hace años…
    La educación en la escuela e instituto, el dejar una semilla bien pensada, para que si se dan las circunstancias germine, es fundamental, una vez más.
    Dudo más, en cambio, de ciertos planteamientos que tratan de «banalizar» la música clásica (Luis Cobos antaño, y tantos hoy en día). Siempre discutí que «vulgarizar» (que la RAE define como equivalente a divulgar, y así se usa, pero yo prefiero usarlo con un matiz diferenciador, en el sentido peyorativo de vulgar, a diferencia de divulgar) la música pudiera atraer más público a las salas de conciertos. Los oyentes de muchas estrellas de este tipo (no quiero dar nombres, pero todos tenemos en la cabeza más de uno) van a ver a esa persona, pero raramente dan el salto a la música interpretada de manera más «seria», aunque lo que quiero decir, en realidad es «respetuosa». Creo más en saber cómo programar, o como ofrecer estos valores extras añadidos de manera que tomen sentido con lo que que se ofrece musicalmente que en una «vulgarización». Si no, es pan para hoy (y para esos sectores) y hambre para mañana.
    Peligro también, y eso ya es algo más personal, en abusar de las «fusiones». Las hay interesantísimas, y que aportan mucho, y sería pecado condenarlas, pero otras en cambio simplemente desvían la atención. Son un recurso más, válido como cualquier otro, pero no debemos confundirlo con «el camino» como alguna gente parece plantear. Del mismo modo que no podemos querer ser absolutamente inamovibles y «puros» y ser nosotros los poseedores de la verdad, y todo el universo equivocado y conchabado contra nosotros. Siempre hay un punto de equilibrio, y debemos buscarlo.
    Y por supuesto, una política cultural, a nivel institucional y gubernamental. Poco se habla en los programas electorales, mítines, nie n ningñun otro ambiente político de cultura; y mucho menos de la «cultura como cuestión de estado» que hace poco oía mencionar literalmente al embajador francés en España cuando imponía la orden de Caballero de las Artes del Gobierno Francés a un músico español.

    *** Con lo anterior, creo que se responde en buena parte la tercera pregunta: creo que el error es pensar en «el público». Si pensamos en «Los públicos», seguramente no hallaremos «la respuesta» que no existe, pero sí podemos asomarnos a «las respuestas».

    Ojalá mi pesada, extensa, improvisada y probablemente tediosa reflexión ayude algo.

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  3. Juan Miguel Morales

    Gracias Carolina, me encanta ver opiniones tuyas por aquí.

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  4. Carolina Bellver

    Querido Juan Miguel,
    Claro que hay público para la Clásica en España! Lo que ocurre es que tenemos que cuidarlo, mimarlo, hacer programaciones interesantes… esto enlaza directamente con tu segunda pregunta. Sí se crean nuevos públicos y debemos apostar por ello. Desde las políticas educativas, luchando porque la música esté en los planes de estudio al nivel que merece, hasta con todas las acciones de puertas abiertas en las grandes orquestas de nuestro país, podremos ir creando una base de aficionados suficiente para contar cada vez con generaciones más jóvenes de melómanos.
    Respecto a la tercera, deberíamos saberlo, para eso tenemos un montón de herramientas hoy en día. Si los programadores y los gestores, no sabemos lo que demanda el público, es que no estamos haciendo bien nuestro trabajo, así de simple.
    Gracias por tu estupendo Blog!!

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  5. Mercedes De los Santos

    Al público hay que atraerlo. Para eso ya hay medios de difusión (Radio Nacional de España Radio Clásica excelente, Fundaciones con ofertas gratuitas muy competitivas o de módicos precios…. )que van extendiendo el conocimiento y abonan la atracción… En España sí hay y ha habido siempre público para la Música Clásica, hoy más por la labor de difusión…Es necesario preguntarse por lo que quiere el público, pero esto no es un kiosko de plaza y verbena…. Atraer, es el verbo clave.

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    • Juan Miguel Morales

      gracias por tu aportación, Mercedes.

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  6. KARIM FARHAN

    Educar el oido desde la escuela primaria y fomentar las manifestaciones culturales a traves del impulso de la creatividad en cada niño nos asegurará una audiencia en el futuro.

    Los programadores deberán saber satisfacer y compaginar las necesidades del oído más exigente y profesionalizado unidas a las del aficionado de manera que sin perder de vista la base se pudieran también fomentar progresivamente las vanguardias.

    Educar desde la base es la clave para que el publico interiorice la necesidad de que la música clàsica en todas sus vertientes sea parte de su rutina.
    Afortunadamente aún hay público. Los ciclos de entrada libre son prueba de ello y por cierto, arma de doble filo para la supervivencia del músico.

    No perdamos de vista que la musica clasica aun siendo una actividad vocacional también es un modus vivendi, un oficio. Sublime pero oficio

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    • Juan Miguel Morales

      Gracias Karim por tu aportación! Creo que puedes haber dado una de las claves: cualquier acción que se proponga atraer público nuevo y fidelizar al ocasional deberá ir en favor de los profesionales que sostenéis todo esto, incluidos los gestores de las salas y los programadores. Saludos!

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  7. Marisa Bueno Dominguez

    Creo que si hay público en España para la música clásica
    El segundo punto es afirmativo,es decir que a través de ciertas actividades se puede crear más seguidores. El tercer punto es difícil de contestar porque creo que cuando se asiste a un concierto se va a disfrutar. Ahora bien no soy partidaria de hacer un program de hora y media de compositores desconocidos.

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    • Juan Miguel Morales

      Gracias Marisa! Será interesante reunir ideas de diferentes personas del mundo de la música, y por qué no, también espectadores. Te invito a leer las dos entrevistas que hay publicadas hasta ahora, y las que iré publicando cada semana. Saludos!

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  8. Sol Miguel Recalde

    Creo firmemente que el público puede crearse. Difundiendo y explicando la música de forma amena. Includo enseñando el solfeo con concursos e historias.

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    • Juan Miguel Morales

      Por las conversaciones que he mantenido hasta ahora, muchos músicos están de acuerdo contigo. Gracias por compartir tu opinión!

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