(foto de Benjamín Ealovega)

Después de dirigir algunas de las más importantes orquestas internacionales, afronta con la mayor ilusión la que es su primera temporada al frente de la dirección musical y artística de la OCRTVE. En su entrevista para L3p da algunas claves sobre la creación de público y otros aspectos importantes.

«¿Qué pensarían ustedes si una noche cualquiera, cuando vuelven a su casa después de cenar fuera o de dar un paseo, se encontrasen con un vecino en el descansillo del tercer piso, frente al ascensor, con una pequeña maleta junto a él?»

Así comenzó Pablo González su primer concierto al frente de la Orquesta de la RTVE como Director Titular en octubre de 2019. Se dirigió al público antes de agitar su batuta y hacer sonar los primeros compases de la Quinta Sinfonía de Shostakovich.

– Les puse en contexto de una manera narrativa. Me inspiré en el comienzo de la novela de Julian Barnes [El ruido del tiempo, Anagrama 2016] en la que retrata a Shostakovich temeroso y resignado a que cualquier noche se lo lleve la policía soviética. Esa sinfonía tiene un contexto tan particular, que pensé que unas pocas palabras podrían hacer que el público entendiera la obra de otra manera, y por los comentarios que recibí, parece que tuvo muy buena aceptación.

Nos habíamos intercambiado unos pocos correos espaciados en el tiempo durante los últimos cinco o seis meses. El anuncio de su contrato con la OCRTVE era reciente, y estuvimos buscando una oportunidad para hacer esta entrevista en Madrid. La frialdad del medio electrónico no me había dejado adivinar su vitalidad, que percibí con claridad en el mismo momento de estrecharnos la mano frente a la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Antes de reconocerlo, lo vi saludar a dos alumnos con suma cordialidad.

A resguardo ya del frío en una acogedora cafetería cercana, con dos tazas calientes en la mesa, iniciamos una vivaz conversación.

– Es algo que hay que hacer más a menudo, yo me lo pongo de deberes -me dice refiriéndose todavía a la introducción a la Quinta de Shostakovich-. Me lleva un tiempo de preparación, y más aún teniendo en cuenta que no soy actor ni presentador, pero puede dar muy buenos resultados.

«falta un tejido amateur»

– ¿Nos faltan puentes para que el público vincule la música con su vida?
– Definitivamente. Fallamos desde la base, falla la educación. ¿Cómo vamos a crear público si el hecho musical está cada vez más apartado del medio educativo? Ninguno de nosotros tiene la llave para cambiar el sistema educativo en España, quizá con mi voto puedo influir, pero todos nosotros, los directores, los directores artísticos, los gestores, deberíamos empezar por hablar de ello en los medios siempre que podamos. Yo lo hago.

Me dice que el problema no se limita a la música. El teatro, que resulta ser una herramienta fundamental en algunas etapas difíciles como la adolescencia, no se están aprovechando.

– Por otro lado, falta un tejido amateur. Me gustaría ver más orquestas y coros aficionados. Yo me alegré de que en Asturias se creara una orquesta universitaria, dije «¡por fin!».

Pablo González es ovetense. En Oviedo comenzó sus estudios, aunque los completaría en Londres, en la Guildhall School of Music.

– En Madrid hay más, pero si vas a Londres simplemente alucinas. Todos los días, en cualquier iglesia o en cualquier sala hay una orquesta ensayando, y tienen un nivel increíble. Mi profesor de dirección [Alan Hazeldine] tenía una orquesta amateur en Londres, la Corinthian Chamber Orchestra, donde el concertino era abogado, el oboe era médico… Una vez hice un concierto con ellos, me acuerdo de cómo hablaban en la pausa. Me recordaron las conversaciones que tenemos los ciclistas aficionados: «subí con un piñón del 27…» y cosas así, ese ambiente de sanísima camaradería.

Pablo es un gran aficionado al ciclismo que ha subido siete veces el Angliru.

– Pues esto era igual, pero trasladado a la música: «tocamos La Noche Transfigurada… la modulación en ese pasaje… en esos compases hay un Re en los bajos…». Era superbonito, ¡hermosísimo! Los músicos profesionales no hablamos así de música.

Mientras le escucho, pienso en lo importante que es que un músico no pierda del todo esa frescura.

– Es el lenguaje del aficionado, que además lo hace más accesible para todos. Imagínate lo que ocurre cuando se juntan en reuniones familiares con otros diecisiete: querrán saber más, como mínimo sentirán curiosidad. De esto no nos damos cuenta, estamos queriendo solucionar el problema desde arriba seleccionando bien las obras, innovando en los formatos de concierto… esto, aun siendo importantísimo, no es la solución. El público se crea por contagio desde la base.

«las bandas sonoras tienen su raíz en la música clásica»

Suena de fondo el que creo es el primer movimiento del Concierto nº1 para piano y orquesta de Brahms. Es la primera entrevista que hago con música clásica de fondo.

Así es como se crea público del bueno, ¿no? No como con los programas de bandas sonoras, ese público va un día y no vuelve a escuchar a Brahms el día siguiente.
– Sí, pero es que ahí falta explicar la conexión que existe entre una cosa y la otra. Cuando alguien me dice, y suelen decirlo poniéndose muy serios, que no le gusta la música clásica, yo le digo: «mira te voy a demostrar que sí te gusta en menos de un minuto; ¿te gusta el cine? Sí, ¿verdad? Demostrado, gracias» -dice riendo.

Dudo si será el segundo movimiento y no el primero lo que está sonando. O si será otro concierto… tengo mucha música mezclada en la cabeza.

– Y es que, si te gusta el cine, el momento en que lloras es gracias a la música clásica; cuando te pones nervioso es gracias a la música clásica. Todas las bandas sonoras tienen su raíz en la música clásica: La Guerra de las Galaxias es Holst, Walton, Brahms y Strauss; La Lista de Schindler es Brahms adaptado por John Williams…

Siempre me ha parecido que gran parte de la Quinta de Shostakovich le iría muy bien a un thriller psicológico.

«hay un prejuicio alrededor de la ópera y la música clásica»

– Si lo explicas bien, probablemente esa persona no vuelva a decir que no le gusta la música clásica. Si es que no tiene sentido, es como decir que no te gusta la pintura anterior al sXX. ¡¿Nada?!

– Te estás cargando de golpe mil años de historia de la música, tantísimas obras y estéticas diferentes…
– ¿El prejuicio de dónde viene? De la dichosa asociación con las élites. La ópera tiene ese halo, cuando en realidad ver a un grupo de rock famoso es igual de caro que la ópera. Ahí hay un prejuicio que hay que atender, y los teatros están haciendo un esfuerzo, unos más que otros. En Asturias se hacen proyecciones en casas de la cultura por toda la región, ponen las entradas muy baratas para chicos de secundaria… Es genial cuando vienen, se crea un ambiente muy especial.

Pablo González dirigió Tosca y Madama Butterfly con la OSPA en Oviedo algunos años después de dejar la titularidad de la OBC. Le cuento que, cuando venía de camino, he visto una larga cola de escolares de cinco o seis años entrando al Teatro Real.

– Esto se hace cada vez más, se invita a los niños a que lo vean. Recuerdo que en la OBC hubo una colaboración con la Masía del Barcelona. Fue bonito hablar con los chavales; vinieron al auditorio, vieron cómo funcionaba… Es bueno que haya movimiento, que vengan los niños, los jóvenes… Está la música tan olvidada que a mí me da mucha pena eso. Me da mucha, mucha pena.

Aparta brevísimamente la mirada con un gesto de lamentación. Me explica que el objetivo principal de la Masía no es crear figuras del fútbol; es un proyecto social y educativo que da tanta importancia al estudio como al entrenamiento. Vienen niños de todas partes, de África…

«no se puede pretender que la mayor parte de nuestro público tenga entre 30 y 40 años»

– ¿Crees que el público se está renovando en España?
– Seguramente tú tengas más información que yo, ¿qué datos objetivos hay?

De regreso a la oficina, no encontré ninguna estadística que segmente el público por edades.

– Supongo que los auditorios tendrán cifras de su público… En cualquier caso, nadie en su sano juicio puede pretender que la mayor parte de nuestro público tenga entre 30 y 40 años, eso no tiene ningún sentido. Tenemos que estar tranquilos, el público se va renovando, pero hay quien se agobia: «es que la mayoría tienen más de sesenta años…». Bueno, y ¿qué pasa? ¿es que no pueden venir? A los chavales de veinte años les atrae otro tipo de música, y hay que aceptarlo como un hecho natural.

Solo dos semanas antes, yo había estado en una presentación de Manuel Ventero, Gerente de la OCRTVE, en el Real Conservatorio Superior de Madrid. Uno de los asistentes, de unos setenta años, se levantó en el turno de preguntas para dar las gracias a la orquesta por años de satisfacciones: llevaba décadas acudiendo a ensayos y conciertos con sus amigos. Resultó entrañable oírle hablar de ello como de una parte importante de su vida.

Pablo González y la ORTVE en el primer concierto de la temporada 2019-2020

– Además de Director Musical eres Asesor Artístico de la OCRTVE, ¿cómo va la programación de la próxima temporada?
– Vamos muy avanzados. En febrero o marzo ya estará completada, y se presentará en mayo. La actual la hicimos en solo tres meses, firmé en noviembre y empezamos de cero, lo cual yo agradezco, estoy encantado. Estaba preocupado porque íbamos muy justos… Por otro lado, nos estamos entendiendo muy bien con la gerencia. Manuel Ventero ha empezado con la orquesta hace poco, pero siempre la ha cuidado mucho desde el cargo que tenía antes, que estaba por encima de la gerencia. Conoce muy bien la casa, y yo sé que va a pelear lo que pueda por que la orquesta se valore.

Antes de su presentación, tuve la suerte de charlar con Manuel Ventero tomando un café, gracias a una amable invitación de Ana Guijarro. Manuel destacó la meticulosidad y la capacidad de trabajo de Pablo.

«se ha superado la idea de que lo moderno tiene que tener una complejidad extrema»

– Imagino que puede ser una labor compleja esa de buscar equilibrios entre lenguajes y épocas, música contemporánea y el repertorio más clásico a la hora de estructurar la programación de una orquesta.
– Hay que tener en cuenta al público y elegir bien a los compositores que programas. Por ejemplo, sé por experiencia que en algunos sitios es un riesgo muy alto programar música contemporánea en la segunda parte. Sabemos que si incluimos una obra nueva habrá gente a la que atraerá mucho, pero otra gran parte del público no se sentirá entusiasmada.

– Esta temporada habéis estrenado una obra de Juan Cruz de Guevara [Concierto para violín y orquesta, 17 de octubre], y habéis incluido otra obra de David del Puerto [Sinfonía nº1 «Boreas», 24 de abril], a quien tuvimos en uno de nuestros encuentros L3p.
– Sí. El estreno de J.C. de Guevara fue bien acogido: una obra técnicamente compleja pero muy coherente y con colores muy imaginativos. También hemos programado una obra que se estrenó en Bilbao y que viene a dirigir Eric Nielsen [Sinfonía núm. 1 «El despertar de la tierra», de Javier Martínez Campos; 15 de noviembre]. Hay una obra de Noelia Lobato que se estrenó en Alemania, «Ariel: el Espíritu del Aire»… [17 y 18 de enero].

El concierto de Brahms llega a uno de sus clímax, y Pablo se detiene y se tapa las orejas en un gesto de molestia: ”es muy difícil”, me dice. Supongo que a un director de orquesta le resulta tan difícil hablar mientras suena un concierto que ha estudiado y dirigido muchas veces, como para mí lo sería canturrear «Ob-La-Di, Ob-La-Da» mientras una canción de El Fari me truena los oídos en una feria de verano.

– Por suerte, hoy día hay muchos lenguajes. Los últimos años se le ha perdido el miedo a que la música actual pueda ser más accesible, se ha superado esa idea de que lo moderno tiene que tener una complejidad extrema; en realidad, eso ya no tiene nada de moderno. Recuerdo una conversación que tuve con David del Puerto hace años precisamente sobre esto, él defiende la necesidad de volver a conectar con el público.

– Al hilo de la conexión con el público… Decíamos que los compositores son seres humanos que atraviesan circunstancias humanas, pero los intérpretes también, y eso imagino que se vuelca en su trabajo. Tú atravesaste una enfermedad que te apartó de tu profesión cinco años y que duró otros dos más. ¿Diriges de una manera distinta a como dirigías antes?
– Sí, porque soy de una manera distinta. Mi enfermedad me hizo ser muy viejo antes de ser viejo, tenía el ritmo de vida de un abuelo enfermo, no solo de un abuelo.

Sufrió de un Síndrome de Fatiga Crónica, y en los once años que han pasado desde su inesperada recuperación, ha dirigido algunas de las más importantes orquestas del mundo en EE.UU., Japón y Europa, como la London Symphony entre otras.

– Si quería ver el mar, me sentaban en una silla tapado con una manta como un anciano de veintitantos años… Fue tremendo.

Dijo Albert Camus que solo la música está a la altura del mar. Quizá, en ese duro período de su vida, el mar fue lo único que Pablo González encontró a la altura de la música.

– ¿Te ayudó la música durante tu enfermedad?
– Me ayudó porque estaba dentro de mí, pero no podía escuchar música, eso también me agotaba tanto o más que subir unas escaleras. Yo lo oigo todo, si la flauta está alta, si el otro está bajo.

Yo lo había comprobado hacía un momento.

– Ahora a mí eso no me agobia, porque funciona en segundo plano, pero en aquella época el agotamiento era físico y mental, y el mental era el peor de los dos, el más invalidante. De vez en cuando, si me sentía un poco mejor, cogía el piano y tocaba el inicio de las Variaciones Goldberg, y con eso me daba por satisfecho. No tengo recuerdos musicales de esa época, solo de la música que había dentro: en la cabeza siempre hay mucha música.

PABLO GONZÁLEZ ha sido Director Titular de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya, Director Principal Invitado de la Orquesta Ciudad de Granada y Director Asistente de la London Symphony Orchestra. En la actualidad, es Director Titular de la Orquesta Sinfónica de Radio y Televisión Española y Asesor Artístico de la Orquesta y el Coro RTVE. Entre sus recientes y próximos compromisos destacan actuaciones con la Royal Philharmonic Orchestra, Sinfónica de Birmingham, The Hallé, Filarmónica de Helsinki, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Konzerthausorchester Berlin, Orquesta de la Radio de Frankfurt, Filarmónica de Dresde, Gürzenich-Orchester Köln, Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken Kaiserslautern, Filarmónica de Estrasburgo, Orchestre National d’Ille de France, Sinfónica de Stavanger, Residentie Orkest, Filarmónica de Lieja, Orchestra della Svizzera Italiana, Orquesta Sinfónica Nacional de México, Filarmónica de Buenos Aires etc.

En España, mantiene una estrecha relación con las orquestas sinfónicas españolas, actuando habitualmente junto a ellas en diferentes festivales internacionales. Como director de ópera, destaca la dirección de Don Giovanni y L’elisir d’amore en dos exitosos Glyndebourne Tours, Carmen (Quincena Musical de San Sebastián), Una voce in off, La voix humaine, Die Zauberflöte, Daphne y Rienzi en el Gran Teatre del Liceu (Barcelona), Tosca y Madama Butterfly (Ópera de Oviedo).

Ha colaborado con solistas como Maxim Vengerov, Nikolai Lugansky, Javier Perianes, Khatia Buniatishvili, Beatrice Rana, Renaud Capuçon, Gautier Capuçon, Sol Gabetta, Anne-Sophie Mutter, Isabelle Faust, Frank Peter Zimmermann, Arcadi Volodos, Viktoria Mullova, Johannes Moser, Truls Mork y Viviane Hagner.

Entre sus grabaciones discográficas, destaca el monográfico de Enrique Granados en tres volúmenes así como un CD con las suites de Carmen y L’Arlesienne, de Bizet, con la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya para el sello Naxos. Pablo González goza de una colaboración continua con la Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken Kaiserslautern (DRP) con quienes grabará próximamente un CD con música de Emanuel Moor; su grabación de Schumann con Lena Neudauer ha sido galardonada con el prestigioso “International Classical Music Award”.

Nacido en Oviedo, Pablo González estudió en Guildhall School of Music & Drama (Londres). Actualmente reside en la ciudad de Oviedo.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE PABLO GONZÁLEZ:
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