Es guitarrista, y ha tocado en algunos de los mejores festivales y salas del mundo. Cree que la mejor forma de educar al público es seducirlo.

A Rafael Aguirre le conmovió la exposición audiovisual de obras de Van Gogh que se puede ver estos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Es un cruce de cosas importantes para él: la pintura, la música, las palabras; el arte, en definitiva. Vio una sala repleta de público de todas las edades, mirando asombrado representaciones digitales de obras clave del artista holandés mientras sonaban piezas musicales selectas de Ravel, Delibes, Bach… Encontró aforismos por todo el recorrido, frases que, reunidas, bien podrían constituir una especie de corpus filosófico. De ellas, Rafa me repite una: «La manera de conocer la vida es amar muchas cosas».

– No estoy preocupado por el futuro de la música clásica, en cualquier momento puede ocurrir algo increíble, como que un niño de ocho años se sienta sobrecogido por la contemplación de un cuadro mientras escucha a Bach. Qué más da que al niño le entre la comida por el chocolate o por el bacalao, ya tendrá tiempo de llegar a Ligeti y Stockhausen.

Rafa es andaluz, de Málaga, tierra de luz y de mar. Me gusta su manera de expresarse, desde el corazón y con ese acento que alegra cada frase. Disfrutamos de dos copas de barbadillo mientras charlamos de pie en un restaurante-bar junto a El Retiro.

– Hace ya unos años, tras un concierto en el Konzerthaus con la chelista Nadège Rochat, se nos hizo algo tarde en un restaurante de Viena. Era esa hora en la que los camareros solo quieren recoger e irse a sus casas. Éramos varios a la mesa, entre ellos Renaud Capuçon y Daniel Müller Schott, que acababan de tocar en el Musikverein, y Nadège y yo cogimos nuestros instrumentos y nos pusimos a tocar música española. ¿Crees que los camareros protestaron? Al contrario, escucharon fascinados desde un extremo del comedor. En cualquier momento, puede ocurrir algo mágico, un click. Y quién sabe, quizá todos esos camareros eran melómanos, pero también puede que alguno descubriera la maravilla de la música aquella noche.

No se debe infravalorar al público

Rafa cree en el efecto mariposa, que continuamente está cambiando el curso de las cosas. Recuerda una ocasión en la que, tras tocar en New Haven (EE.UU.) un arreglo de una pieza de Schumann, un señor le confesó que Schumann no le había gustado nunca, pero que se había reconciliado con el compositor alemán después de escuchárselo a él a la guitarra. A Rafa le gusta imaginar que aquel hombre volvió a escuchar el original para piano, y que se volvió un fan no solo de Schumann, sino de toda la música del Romanticismo.

– ¿Cómo podemos atraer al gran público? – pregunto llevándome a la boca un trozo riquísimo de cazón en adobo.

– Hay que empezar por no infravalorar al público, te encuentres donde te encuentres. Lo que ocurre en El Retiro es tan importante como lo que pasa en el Musikverein. Nadège toca un Stradivarius de 400 años que una fundación mexicana le tiene cedido. Se construyó por encargo de El Vaticano, y después tuvo un viaje de ida y vuelta a América, donde llegó a pertenecer a Philip Glass. En cada concierto, ella cuenta con pasión la historia de su precioso chelo adornado con ángeles de plata, y de cómo le enamoró su sonido desde el principio. La gente se queda fascinada, al público le encantan las historias y ese toque humano. Creo que hay que ir por ahí.

Seguimos charlando sin descuidar la obligación que se nos presenta de dar cuenta de unas croquetas de tortilla de bacalao que acaban de traernos. Así da gusto hablar de música.

Los músicos tenemos el poder de ser embajadores del arte

– Por eso yo no me preocupo. Esa gente, emocionada por la historia de Nadège, quizá se lo contó a sus amigos y familiares. El boca a boca es lo que mejor funciona, y ahora tenemos facebook, youtube… que propagan las cosas mucho más rápido aún. Los músicos tenemos el poder de ser embajadores del arte si mantenemos una actitud abierta, comunicativa y positiva. Solo hay que encontrar la forma de conectar con el público, como esa historia del chelo.

Apura su copa de barbadillo y continúa:

– Nunca debes dejar de ponerte en el lugar de aquel chico americano que escucha hip-hop, y que está acostumbrado a estructuras rítmicas y armónicas repetitivas. Picasso era un relaciones públicas increíble, porque entendía que hay algo más importante que el arte: la humanidad. Público y artista deben conocerse mejor y compartir la música de una forma más cercana. Fíjate, al funeral de Beethoven fue muchísima gente, un hecho muy señalado en la vida social de la Viena de la época. ¿Por qué era tan querido Beethoven? Porque dedicaba tiempo a estar en contacto, dedicaba sus obras, además de compositor era un pianista afamado, improvisaba cadencias en sus conciertos y eso le encantaba a la gente. Hay que seducir al público, esa es la mejor forma de educarlo. La educación tiene mucho de seducción.

– ¿Y qué me dices del envejecimiento del público?

– Tampoco me preocupa, probablemente sea lo natural. Fíjate, Baremboim ya hablaba en los años setenta del debate del envejecimiento de la audiencia. Y en una entrevista de aquel entonces dijo que no le preocupaba lo más mínimo, porque eso del envejecimiento del público se decía ya desde hacía una o dos generaciones atrás.

Rafa mira su reloj y se da cuenta de que tiene que marcharse, así que nos despedimos algo precipitadamente. Antes, me deja una última recomendación: que vea el documental de la BBC «¿Por qué la belleza importa?», sobre arte contemporáneo.

Yo me lo apunto mientras termino el barbadillo y me deleito con los últimos trozos de cazón. Verdaderamente, la belleza puede encontrarse en muchos sitios.


Rafael Aguirre es guitarrista internacional. Ha actuado en 34 países y tiene en su haber 13 primeros premios, entre los que destacan los del Concurso Tárrega y el Pro Musicis de Nueva York. Actúa con regularidad en salas de prestigio internacional, como el Carnegie Hall de Nueva York, Concertgebouw de Ámsterdam, Konzerthaus de Viena, Sala Tchaikovsky de Moscú, Philharmonie am Gasteig de Munich, Laeiszhalle de Hamburgo, Palau de la Música Catalana de Barcelona, King’s Place de Londres, Filarmónica de San Petersburgo, Teatro Nacional de Cuba, Hyogo Performing Arts Center (Japón) o el Seoul Arts Center (Corea del Sur). Fue el primer guitarrista en actuar como solista en la Sala Sinfónica de la nueva Elbphilharmonie de Hamburgo.

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