Lleva más de veinte años dirigiendo y produciendo música antigua, y ha llevado a su ensemble Musica Ficta a multitud de países de Europa, América, Asia y África. Comparte con nosotros su punto de vista sobre la relación con el público, el papel de los discos en la música y la mentalidad empresarial –o la falta de ella- de muchos músicos.

Para Raúl Mallavibarrena, la primera separación entre los músicos y el público es el atril, un elemento que marca distancia:

– Hay pocas orquestas que toquen hoy día de memoria. Aunque conozco algunas orquestas jóvenes que lo hacen, no es lo habitual. Aún así, miran al director, no al público, y lo deseable sería que mirasen al público.

Raúl acaba de pedir una taza de chocolate en una cafetería de Manuel Becerra. Yo había salido de otro compromiso unos minutos más tarde de lo que había calculado, pero por suerte pudimos coordinarnos para llegar al mismo tiempo. Nos hemos sentado frente a frente y, aunque él se hunde en el asiento de escay, su estatura -o la mía- nivela las cosas.

– Otra cosa que impone distancia es la tendencia a confiarlo todo a la acústica de la sala y a la potencia sonora de los instrumentos y las voces. En la catedral de Granada, por ejemplo, no se oye en condiciones a partir de la fila ocho. Dentro de poco, tenemos un concierto al aire libre junto al castillo de Peñíscola, necesitaríamos amplificación y no la vamos a tener. Es una lástima, porque en el interior de castillo hay una capilla preciosa con una acústica excelente, pero la gente prefiere escucharnos en el exterior. No entiendo que la misma gente que no pone inconveniente a escuchar música en el móvil rechace la amplificación en un concierto.

la espontaneidad está trabada en la música clásica.

La amplificación… Menciono un concierto de blues al que había asistido en una pequeña sala pocos días antes de nuestro encuentro en el que el sonido estaba fatal, como en casi todos los conciertos de este tipo, pero eso fue lo único negativo. Fue un grupo de Bilbao no muy conocido que por lo que pude ver tiene una base de fans muy fieles. La comunicación con el público fue constante, su forma de salir a escena, su actitud vitalista, su manera de dirigirse a la gente con ese humor vasco que se ríe de sí mismo… Todo hizo de aquel concierto una experiencia divertida, como estar en una fiesta.

– La espontaneidad está trabada en la música clásica, y en eso tenemos mucho que aprender del pop y del flamenco. Sin embargo, el silencio es fundamental en la música clásica, y aunque envidio las expresiones de pasión del flamenco, no imagino a nadie gritando «olé quillo» en un solo de clave o de órgano.

Nos traen el café y el chocolate, y me doy cuenta de que en apenas unos minutos, Raúl ya me ha lanzado multitud de ideas interesantes, todas balones a seguir que darían para muchas, muchas horas. Aunque soy rápido tomando notas en mi portátil, él es mucho más rápido hablando, y estoy tentado de pedirle que vaya más despacio. Pero no lo hago: creo que uno habla como piensa, y no quiero pedirle que piense más despacio.

puede que el disco se mantenga en un formato físico simplificado.

Me interesa hablar con Raúl de discos, ha producido más de 40 con su sello Enchiriadis, además de los 20 discos que ha grabado como director musical.

– Aunque la música en vivo es insustituible, la música grabada es la que crea afición, yo mismo había escuchado mucha música grabada antes de empezar a ir a conciertos. Con las nuevas tecnologías, la escucha se ha convertido en un hecho privado, ni siquiera sé qué música escucha mi hijo… El problema es que el disco lleva años muriéndose y nadie sabe qué va a pasar exactamente con el formato. ¿Podría quedar solo el formato digital? El hecho es que los coches ya no traen reproductor de CD desde hace por lo menos dos años, pero se siguen vendiendo discos en los conciertos. Una posibilidad es que mantengamos el disco físico en un formato simplificado y económico con unos 45 minutos de música y sin librito.

Más tarde me habló de una experiencia estupenda que tuvo en su última gira por Estados Unidos con Musica Ficta. Con la gira ya comenzada, surgió la posibilidad de añadir un concierto imprevisto que suponía costear un vuelo a Nueva York desde Florida para los nueve músicos que le acompañaban, además de la estancia. La invitación venía de la Hispanic Society y, tras dudarlo un poco, decidió hacerlo, de acuerdo con el ensemble. Resultó un concierto especial, y lo mejor fue que la sala realizó una grabación que Raúl solo tomó en serio cuando recibió una copia, días después. Tan buenas eran la toma y la música que la publicó en el que considera uno de sus mejores títulos hasta ahora, Live in New York. La viveza de un concierto contenida en un disco.

como público, cuando me siento lejos de los músicos, me aburro.

– ¿Qué crees que motiva a alguien a tomar la decisión de asisitir a un concierto?

– Es una buena pregunta. Yo he disfrutado de la música cuando la distancia al artista ha sido muy corta, sea en un auditorio o en una iglesia. Cuando me siento lejos de los músicos, me aburro. Por otro lado, creo que es importante dónde se celebra el concierto. He sido testigo de algo curioso que ocurrió en León no hace tanto, en dos conciertos separados entre sí pocas semanas, uno en la catedral y el otro en el auditorio. En la catedral programamos motetes de Victoria, lo que yo llamaría «porno duro» musical, y para mi sorpresa se llenó. La gente aplaudió encantada, pero yo creo que en parte fue simplemente porque se encontraban maravillados por el conjunto, por la música y por el lugar, la catedral es una maravilla. Sin embargo, al concierto del auditorio fue muy poca gente, y eso que es un auditorio nuevo y magnífico.

– Ya veo, el espacio marca en buena medida el éxito de un concierto…

– El marco lo es todo para el gran público. Los conciertos que hacemos habitualmente junto al castillo del Papa Luna de Peñíscola son incómodos para nosotros, como decía. Los instrumentos se desafinan, el viento es molesto, no se oye bien sin amplificación. Pero suelen llenarse, porque la gente se siente atraída por el entorno. No es el concierto en sí mismo, sino la experiencia lo que van buscando.

– ¿Cómo haces para atraer público?

– En primer lugar, hago lo que me gusta a mí, ese es el primer criterio. Al programador hay que seducirle por el interés del programa y por el coste, y para eso suelen funcionar bien los aniversarios. Por ejemplo, este año se cumplen 400 años del nacimiento de Bárbara Strozzi, y hay que defenderla no por ser mujer, sino porque fue una excelente compositora.

Y añade:

– Esto nadie lo hace tan bien como Jordi Savall, que está siempre inventando formas de aprovechar las efemérides, como hizo con su Ruta de la Esclavitud etc. Tiene un perfecto control de los aniversarios.

Toma un sorbo de chocolate.

– Por otro lado, intento incluir obras de compositores locales, aunque a veces las cosas no encajan, precisamente porque un compositor o una obra se programan demasiado en un lugar determinado. En general, busco incluir cosas raras que solo pueda hacer yo, y a veces incluyo elementos más populares.

lo más importante, es la actitud ante el público.

Me interesa saber cómo salva esa distancia con el público de la que hablamos al principio. Me explica que le gusta dedicar un poco de tiempo a dar algunas explicaciones, especialmente donde tiene un público menos habituado a la música antigua. En una gira por Hungría llegó a contratar a una traductora para que las canciones sefardíes fueran inteligibles para el público. Pero para él lo más importante es la actitud ante el público:

– No se puede saludar serio. Siempre digo que no somos músicos para la radio, la gente va a un concierto no solo por la música, sino también para vernos, y quieren vernos sonreír. Para esto, Leonhardt era un horror: tocaba de mala leche, muy frío, parecía enfadado. Era un calvinista acérrimo. Los cantantes tienen una ventaja en esto, tienen más recursos para seducir al público con su forma de vestir, por cómo miran. Quizá se pueda desafinar alguna nota, pero pueden enamorar con recursos que otros intérpretes no tienen tan fácil emplear.

Con todo esto, me viene a la cabeza una frase de Stravinsky: no basta con oir la música, además hay que verla.

Los músicos no debemos limitarnos por el criterio de los musicólogos.

Me pregunto qué diría Ígor ahora si viera a tantos músicos haciendo música antigua, él que fue un gran renovador del lenguaje musical. Y hablamos del eterno debate:

– Claro que es posible innovar en la música antigua. Por ejemplo, me gustan algunas cosas que hace Christina Pluhar con l’Arpeggiata (aunque otras no, de hecho, muy poco). El mismo Fahmi Alqhai dice que no sabe si lo que hace con Arcángel se puede llamar música antigua, pero le da igual. Savall va de purista, pero hace fusión desde hace mucho tiempo. Yo he hecho muchas cosas con piano y voz, con Rocío de Frutos: música sefardí, Bach, Monteverdi, Purcell… Los músicos no debemos limitarnos por el criterio de los musicólogos. Ellos hacen una labor necesaria cuando rescatan música del olvido, pero suponer que la música se hacía de una sola forma es ridículo. Nadie sabe cómo sonaba la música del s.XVI , y si se supiera, entonces todos la tocaríamos igual y perdería interés.

– Hay tratados…

– Los tratados se contradicen, y menos mal. Hay muchísimas versiones diferentes de los conciertos de Brandemburgo, y eso es un aliciente para acudir a los conciertos. Me gusta la música antigua porque no esclaviza tanto al intérprete, hay un margen de libertad grande a la hora de interpretar. De igual forma, no puedes salir al escenario preocupado por lo que opinaría Beethoven de tu interpretación. Hay que ser un poco osado, humilde, pero osado. El arte es un ejercicio de narcisismo.

el público envejece en todos los países.

Sabiendo lo mucho que ha viajado con Musica Ficta, le pido que compare el público de otros países con el de España:

– Creo que las diferencias entre los diferentes públicos las marcan las salas más que los países. Tengo buenos recuerdos del público sudamericano, es muy afectuoso. En Estados Unidos hemos encontrado algo parecido. Pero el público envejece en todos los países.

Ya le había mencionado antes, camino de la cafetería, la excelente entrevista que le hizo recientemente Pablo Vayón para el Diario de Sevilla, en la que hablaba, entre otras cosas, del envejecimiento del público, pero, más allá de eso, me interesa saber qué cosas pueden hacer los propios músicos para mejorar la proyección de sus carreras.

– A los músicos les falta mentalidad empresarial. He dado cursos de cultura empresarial para músicos, y siempre insisto en la idea de que hay que aprender algo importante de los científicos: que para entender un fenómeno hay que medirlo. El músico tiene que aprender a medir para saber si lo está haciendo bien o no, y saber a qué mercado se dirige.

el público de la música antigua y el de la «clásica» están muy diferenciados.

Y acabamos ya con una comparación de los públicos de antigua y de clásica.

– El público de la música antigua y el de la «clásica» están muy diferenciados en, digamos, un 80%. Es decir, que solo hay alrededor de un 20% de personas a las que les gustan ambos estilos por igual. El de la música antigua era un público más joven antes, porque se asociaba a una reivindicación social, a lo hippie. Hesperion XX son de la misma quinta que ‘The Mamas & The Papas’. Fíjate si se asociaba la música antigua a lo hippie que cuando Gardiner se presentó a dirigir por primera vez a la orquesta de la NDR, les dijo a los músicos: ”tranquilos, no será necesario que ustedes vengan con sandalias y coleta” –reímos–. Todo ese halo alrededor de la antigua casi se ha perdido, pero algo queda, y si hay que buscar confluencias, es más fácil que a un aficionado a la antigua le guste mucha música contemporánea que la música de otros períodos como el Clasicismo o el Romanticismo. Dicho eso, no es fácil saber si hay más público de antigua o de clásica, porque muchos conciertos de antigua son gratuitos, el 90% diría yo.

Ya de regreso, tiene el detalle de obsequiarme algunos discos de Enchiriadis, y me acerca en coche al metro. Por el camino le pregunto por Gwendolín, un personaje de su creación que supuestamente enredó y animó la niñez de Raúl, lo más parecido a una novia de infancia, mitad demonio, mitad diosa. Quienes le seguimos por Facebook sabemos de las desdichas del pobre Raulín, y le pregunto si se ha planteado reunirlas en un libro. Pero no.

– Mucha gente me ha preguntado si Gwendolín existió de verdad. Para mí solo es una forma de divertirme… Es mucho mejor que hablar y discutir de política en las redes.

Desde luego.

Raúl Mallavibarrena (Oviedo, 1970) comenzó sus estudios musicales con su padre Juan Bautista Mallavibarrena.

Especializado en el repertorio de los siglos XV al XVIII, es fundador y director de los grupos Musica Ficta y Ensemble Fontegara, así como del sello discográfico Enchiriadis.

Ha dirigido conciertos en los principales festivales de España, así como diversos países de Europa, Magreb, Oriente Medio, Suramérica, México, Estados Unidos, China y Japón, con repertorio que va desde la música medieval hasta oratorios de Monteverdi, Haendel y Bach, zarzuelas barrocas, cantatas y óperas de Vivaldi, pasando por el más amplio repertorio renacentista europeo.

En diciembre de 2009 dirigió El Mesías de Haendel a la Orquesta Filarmónica de Málaga. En otoño de 2013 dirigió Dido y Eneas de Purcell.

Su discografía comprende veinte discos como director musical y más de cuarenta como productor.

Es invitado regularmente a impartir cursos y conferencias en universidades (Valencia, Málaga, Castilla-León, Universidad Autónoma de Madrid, Conservatorio Superior de Alicante, Conservatorio de Lyon, Universidad de los Andes-Colombia, Cervantino de Uruguay) y centros especializados, así como colaboraciones para el Teatro Real de Madrid. Raúl Mallavibarrena, ha sido, junto con su grupo Musica Ficta, nombrado artista residente de la temporada 17-18, por el CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical), con un proyecto que abarcará una decena de conciertos con cuatro programas distintos en siete países, tanto de Europa como de América.

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Próximo Encuentro L3P:

Pepe Mompeán, Asesor de Música CAM, y

Daniel Broncano, Director de Música en Segura.

Martes 23/04 – 19.30

Hinves Pianos c/Fuenterrabía, 4 (Madrid)

Entrada libre previa reserva en cultura@hinves.com

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